Friday, 24 May 2013

Temporada turística

Si tenemos suerte y todo sale bien, quedan menos de ocho semanas para que nuestra pequeña familia de tres se convierta en una de cuatro. Para cuando eso ocurra, no obstante, es posible que estemos tan saturados de visitas que cuatro personas nos parezca un grupo muy reducido.

Tanto por el lado teutón como por el peninsular, los últimos acordes del embarazo parecen haber despertado una fiebre de visitas. Hay que venir antes de que pase nada. Ya saben que mi suegra y sobrina nos harán el honor de que las cuidemos y paseemos justo antes del parto. La razón era, supuestamente, que querían vernos y ayudar un poco antes de que llegase el bebé. A medida que pasan los días va quedando claro que todo era pura excusa. En la última llamada teléfonica mi suegra anunció el programa de lo que quiere hacer y a dónde quiere ser llevada. Nada, por supuesto, queda cerca. A todos los sitios que quiere visitar, habría que ir en coche o taxi y pasarse el día fuera. Todos no entramos en el mini-coche que a veces pedimos prestado (cosa que ella sabe) así que debe tener presente que las visitas turísticas que reclama implicarían dejarnos a su nieta pequeña y a mi en casa. Para mí sería un alivio... pero parece que a sus intenciones de venir a 'pasar tiempo juntos' y 'ayudar' están quedando un pelín en entredicho.

También vendrán dos tías teutonas, más simpáticas y 'algo' menos caraduras que mi suegra sobre todo porque ellas dejan claro desde el principio que vienen de vacaciones y que nuestra casa les queda muy a mano para lo que quieren hacer. Esa visita se me hace menos cuesta arriba: será que me caen bien o que la falta de retórica barata para explicar su visita me parece más honesta que las invenciones de mi suegra. Eso sí, casi me me asfixio cuando mi suegra nos dijo (muy amable ella) que ojo con dejarse aprovechar por las tías, que no fuésemos a pagar por todo y hacerles la comida siempre.  Ejem. Y, digo yo, por qué esa filosofía no puede aplicarse a sus visitas?

Para acabar de (des)equilibrar el tema, mis padres también han anunciado su llegada; será un tour previo al desembarco que harán cuando nazca la criatura.  Llevan un par de años intentando traer a mi tía de 88 añitos pero primero porque dicha día estaba ocupándose de otra tía y después porque una operación se cruzó en el camino, no ha podido ser hasta ahora. Las fechas, algo más de un mes antes del parto, no son ideales y la verdad es que el tema no me hace excesiva ilusión. Han prometido hacerse cargo por completo de la tía además de ayudar con la niña... Veremos. El caso es que la tía en su momento nos compró los muebles de media casa así que, aunque no sea buen momento, ser agradecidos es de bien nacidos y queremos hacer lo posible para que disfrute de la visita. Las tías teutonas, por su parte, nos compraron una caja pequeña de mazapanes la última vez que vinieron... mazapanes que, por supuesto, se comieron ellas (hemos recibido 'regalos' similares en otras visitas teutonas que siempre, siempre, acaban en el buche de los benefactores).

Yo me pregunto: por qué será que cuando uno vive fuera todo el mundo asume que, en vez de una vida normal, con horarios de trabajo, compra que hacer, ropa que lavar, etc, parece que uno se dedica únicamente a esperar visitas y entretener visitantes? A mi madre no se le ocurriría desayunar-comer-cenar el mismo día con ninguno de mis hermanos, pero aquí no puede una ni irse a otra habitación cuando están en casa. Y mi suegra tan solo ve a su hija y su familia una vez cada una o dos semanas para una visita regulada de hora y media (de reloj), pero aquí requiere atenciones 24/7.

Hay amores que matan (un poquito, de vez en cuando... porque al final la familia es la familia y la echamos de menos... a veces).


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